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«Los pastores llegaron antes a los Picos que muchas especies emblemáticas»

Un pastor, con su perro, en los Picos de Europa_N. ACEBALLas declaraciones realizas por Laura López Varona en calidad de representante de las asociaciones asturianas -cuyos fines coincidan con los principios inspiradores de la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad- en el Patronato del Parque Nacional de los Picos de Europa, no han dejado indiferente a nadie. Las críticas realizadas por la también secretaria y apoderada de la Asociación para la Defensa Jurídica del Medio Ambiente (Ulex) sobre la actuación de los pastores en el espacio protegido han sido calificadas de «ecologismo rancio» y «racista» por parte de la plataforma Ganadería Extensiva d'Asturias.

Este colectivo, sin embargo, prefiere pensar que tales manifestaciones se deben a la «ignorancia más profunda» por parte del colectivo que representa Varona. Ésta aseguró en una entrevista publicada por EL COMERCIO el pasado domingo que el principal problema que existe actualmente en la vertiente asturiana de los Picos de Europa es, precisamente, el que genera la ganadería extensiva, y ha acusado incluso a los pastores de «falta de profesionalidad» por no permanecer junto a los rebaños en las majadas para evitar el daño del lobo, así como de pretender convertir el espacio protegido en un «pastizal lleno de pistas ganaderas».

Juan Antonio Valladares Álvarez, coordinador de la Plataforma GEA, rechaza todas estas afirmaciones. En primer lugar, quiere aclarar que «el ecosistema de los Picos de Europa ha sido siempre silvopastoril» e, incluso, que «hace unos 10.000 años llegaron los primeros pastores a estos puertos. Antes que muchas especies emblemáticas del Parque, incluyendo el haya». En segundo lugar, los ganaderos insisten en que son precisamente ellos quienes viven «en y de la naturaleza que los ecologistas de postín apreciáis en los carteles y en vuestras visitas turísticas». Motivo que, en su opinión, les legitima como máximos pilares del Parque Nacional, que no es otro que «nuestro hábitat de verano desde hace miles de años», argumenta.

Con respecto al interés de los ganaderos de reducir el volumen de matorral, tan criticado por la representante ecologista, Valladares ironiza con la posibilidad de que Laura López Varona tenga que «subir y bajar por el monte lejos de los senderos, empujando al ganado que no se comió el lobo ese año». Si fuera así, «quedaría maltrecha su presunta independencia de criterio cuando sus animales no coman y sus tobillos se llenen de heridas por un exceso de ulex». Y es que, puntualiza Valladares, es precisamente esta especie, la tradicional cotoya, elegida por la Asociación para la Defensa Jurídica del Medio Ambiente para dar nombre al colectivo, la que en exceso «puede producir un desequilibrio ecológico en nuestro ecosistema silvopastoril». «La menor biodiversidad de nuestros montes es, efectivamente, la de las laderas cubiertas de ulex», defiende.

Aumentar la biodiversidad
Para finalizar, desde la plataforma defienden que es precisamente la gestión de los pastores la que ha hecho aumentar la biodiversidad de los ecosistemas abriendo nichos a numerosas especies que no habría sin ganadería, como son las aves carroñeras. «Las propias variedades de ganado autóctono tienen un evidente valor patrimonial biológico y genético. Y además, inventamos el queso de Cabrales y el Gamonéu», concluye.

Tampoco ha querido Valladares dejar de responder a Laura López Varona sobre sus acusaciones de falta de profesionalidad de los ganaderos, a quienes insta a «vigilar correctamente su ganado». En este sentido, recuerda que las «imposiciones sociales y del mercado» impiden que un ganadero pueda subsistir, como ocurría antes, con cuatro vacas con las que dormía en la braña. «Ahora tienes que tener cuarenta cabezas o más y segar medio pueblo durante la época en que los animales están en el monte.

Es más difícil cuidarlas desde el pueblo y quieren que lo hagamos sin pistas y cruzando el matorral lleno de pinchos», critica. Y, en este sentido, le insta a que «deje que en su jardín y en su oficina vaguen libremente las ratas y otros animales que espontáneamente decidan ubicarse allí según los criterios ecologistas urbanos».

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Fuente: www.elcomercio.es, Ana Moriyón