Nuestros enseres aquí arriba caben a lomos de un caballo.

Dos mudas de ropa, zapatillas, escarpinos, chanclos o unas botas componen todo el vestuario. También tenemos algunos cacharros para cocinar y comer. Y sobre todo, y todavía no lo he dicho, los cacharros para el quesu.

El quesu es el protagonista. Todo se instrumentaliza a su alrededor, las personas, el ganado, las herramientas... Diríase que es el señor de esta vega. A ratos es un tirano, cuando grita de madrugada ¡Arriba, a mecer! o más tarde ¡Sácami'l sueru! o  ¡Po las cabras, qu'escurez!  Otras se torna amable, apetitoso y, las más, representa un tesoro que nos hace perseguirlo sin cesar y sin fatiga. Estamos haciendo unos quince kilos de queso diarios.

Calderos, jarros,  coladores, paletas, tarros, arnios, prexugas, talameras, artesas, cucharones, garciellas, canxilones..., se tropiezan por doquier, en aparente caos, pero sólo aparente, porque todo está en su sitio, todo está trabajando o esperando, en el lugar idóneo, su entrada en escena.

Alberto y Mino están en la cuerre rodeados de ovejas, se trajeron dos jarras y las lecheras. Van entrando en acción poco a poco, sin prisa, pero con la seguridad de interpretar un papel bien aprendido. Después en la cuerre adosada a la cabaña hacen entrar a las cabras, luego se encierran con ellas y, casi a tientas, jarra en mano, van ordeñando una a una, sin duda, sin titubeo.

 

 Menu

 

 


 


Relato: